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Tomas Torres
Lunes, 7 de septiembre de 2015
Chihuahua, Chih.

Llegar a Santa Rosa

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Las Jornadas Rascón Bandianas 2015 difunden en Uruachi el legado del dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda

[Img #53989]Llegar a Santa Rosa de Uruachi, aunque sea por primera vez en la vida, es siempre regresar. Es volver a una esencia que se creyó perdida y que atesora este escondido pueblo de la sierra de Chihuahua, como centinela y guardián de una identidad que define a una tierra y a sus gentes.

 

La oportunidad de encontrarnos con este singular rincón, la brindaba la celebración de las Jornadas Rascón Bandianas. Su historia, el hoy y el ayer que se entrelazan, confundiéndose pasado y presente con su propio discurrir del tiempo, que se detiene y regresa, que fluye y se entrelaza entre lo que ocurrió, lo que se soñó y lo que siempre volverá a suceder, reflejado en la mirada de arroyo fresco y sabiduría del inmortal dramaturgo chihuahuense Víctor Hugo Rascón Banda.

 

[Img #53971]El viaje, en la mejor de las compañías, nos lleva de la capital del estado a Cuauhtémoc a través del infinito llano, para encarar las primeras estribaciones de la sierra cuando el día aún es noche y que los primeros rayos de la nueva luz nos alcancen en La Junta, camino a Tomochic y de ahí a Basaseachi, completando la última etapa del viaje hasta La Tableta, donde la hospitalidad de Uruachi se proyecta, con el presidente municipal Toño Ruiz y toda la corporación municipal, para darnos la bienvenida con un abrazo cálido animado por la música de Los Únicos de Uruachi, a quienes suma su voz Polo Montañés en un concierto improvisado.

 

El descenso, dejando atrás el mineral de La Unión, por Las Vueltas Largas, “Las Vueltas Largas Aracely, al fin Las Vueltas Largas”, que mil veces repetidas por fin se siente con un abrazo de mariposas en el estómago y dan sentido a lo sentido sin verlas, nos lleva al viejo pueblo mágico, que dormita en el silencio del fondo de la barranca, como una joya engarzada entre cerros verdes, ajeno al paso del tiempo, con sus techos de lámina, cuya visión sobrecoge el corazón de los que el corazón tienen entregado en Uruachi.

 

[Img #53974]Uruachi, “lugar de palmas”, las mismas que nos reciben en la plaza, frente al templo de Santa Rosa de Lima, a la sombra de los naranjos amargos. En el templo, Santa Rosa sigue engalanada, porque las fiestas en su honor a penas se celebraron unos días antes, el 29 y 30 de agosto. Días en los que se festeja, se le ofrecen pascoles a la virgen y se le pide que siga protegiendo a Uruachi. La calle José María Ponce de León nos lleva, cruzando el puente sobre el arrollo, a la calle del dramaturgo, aquella que lo vio crecer y llenar sus ojos de la magia de Santa Rosa, frente a la casa de los abuelos, hasta que un día lo vio alejarse en una avioneta llena de otros muchachos, que como él, abandonaban su pueblo dejando atrás la niñez y estudiar en Chihuahua, dejando a un volado la suerte de ingresar al magisterio o al seminario.

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Desde principios del siglo XIX la familia Rascón Banda ha estado presente en Uruachi, llegados de Cusihuiriachi al mineral de La Unión. La casa de los abuelos maternos de Víctor Hugo Rascón Banda, la que describe en su libro “Volver a Santa Rosa”, fue hogar de infancia y oasis de descanso en la edad adulta. Actualmente es su hermano, Rey Rascón Banda, quien tiene el edificio como su residencia.

 

Sin embargo, la presencia del dramaturgo y de las experiencias que inspiraron su imaginación es palpable en cada rincón de la casa. Junto a la sobrina del dramaturgo, Lorena Serrano Rascón, recorremos las estancias, el cuarto del dramaturgo, en cuyo muro se escondió Romanita para escapar de la Revolución, dejando atrapada su alma en la casa.

 

[Img #53982]En esa estancia durmió, soñó y trabajó Víctor Hugo Rascón Banda “muchas obras salieron de aquí”, explica la licenciada Serrano frente a la mesa de trabajo en la que aún se puede ver una de sus máquinas de escribir. En las paredes, fotos, reconocimientos, recuerdos del legado que dejó el dramaturgo y que allí, como en el corazón [Img #53979]de quienes lo conocieron o se emocionaron con sus obras, los que de una forma u otra, tuvieron contacto con su alma creativa, dejando en ellos una marca imborrable. Cada estancia tiene su nombre, su historia y su propio fantasma, El Naranjo Preso, La Balanza, la Habitación del Dramaturgo, y pegadita a la casa de los abuelos, La Casa de las Golondrinas y en ella el alma sabia de Doña Rita Benicio, susurrándonos historias viejas.

 

Salir al jardín, rodeados de limoneros, rosales, granados, membrillos y aguacates representa disfrutar del paisaje que tanto amó el autor y al que llamó su hogar. Guiados por Rey conocemos los secretos de cada árbol, como el de aguacate que él mismo sembró desde un hueso hace 22 años y que ahora domina el jardín, del otro lado de los muros, en la huerta contigua, otro árbol de aguacate se enseñorea por encima del resto, ese con más de cien años. Las guacamayas que siempre alborotan con la estridencia de sus voces quebradas no vinieron esa mañana a visitarnos, pero si lo hace la lluvia por la tarde, puntual a la cita, abrazando a todo el valle con nubes que se derraman desde los cerros sobre los tejados de lámina, alimentando con agua nueva, fresca, el arroyo de La Unión y el de la sierra.

 

Esa tarde hay fiesta en Uruachi, Polo Montañés canta para un auditorio abarrotado canciones de ayer y de hoy, después, la compañía Timbre Producciones representa “Sazón de Mujer” de Víctor Hugo Rascón Banda.

 

[Img #53969]Aracely Tena, Daniela Enríquez y Marisela Soto dan voz a las mujeres que tienen la sierra como paisaje común y a la cocina como hilo conductor. El público, que a esas alturas de la noche abarrota por completo el recinto del Teatro Auditorio Municipal Víctor Hugo Rascón Banda, se ve reflejado en las voces, en las historias y en las miradas de estas tres mujeres, hasta irrumpir en un aplauso cerrado al finalizar la obra.

 

Después, el homenaje a Víctor Hugo Rascón Banda continúa de la manera que a él tanto le gustaba, conviviendo con amigos y familiares, compartiendo guisos exquisitos, sotol de lechuguilla, historias y canciones, acompañados como no podía ser de otra forma por Los Únicos de Uruachi. La velada nos lleva a celebrar la vida del dramaturgo, aquello que lo hacía único y especial, a celebrar su legado y su obra.

 

A la mañana siguiente nos despedimos de Santa Rosa de Uruachi y sus habitantes, un adiós que no puede ser otra cosa que un hasta pronto, con el deseo que la vida nos permita una vez más, volver a Santa Rosa.  

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