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Jueves, 21 de abril de 2016
Andando lugares... entre letras

CONECTADO O DESCONECTADOS

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Iván Eduardo Lópezcampos

Isaac Asimov lo dijo  a principios de la segunda mitad del siglo pasado, siendo en esos momentos una aventurada aseveración: existirán los ordenadores personales, los habrá en cada casa, la información estará al alcance de todos, la educación podrá ser a la carta, tu decidirás que estudiar, sin importar en qué lugar del mundo te encuentres. La visión privilegiada del icónico escritor ruso de ciencia ficción, le permitía ver escenarios ocultos para el resto de los mortales. Veía en claridad el futuro, con todo y sus costos, no solo los económicos, sino los más elevados: los de oportunidad.

 

Los avances fueron como los predijo y, aún más allá. Los ordenadores se llegaron a empacar en carcasas del tamaño de una mano. Hoy los celulares son pequeñas computadoras, con cada vez más funciones. Todos estamos atentos a sus progresos, bajo nuestros ojos pasaron de equipos básicos a “inteligentes” sin darnos cuenta. Aún no dominamos un modelo cuando sale el siguiente a la venta, inmediatamente desechamos aquel que nos había emocionado por unos meses para adquirir la novedad, sin importar lo alto que sea su costo. Buscamos los más complejos para no usar más que lo mismo ¿Por qué lo hacemos?, por una razón muy sencilla: los equipos se compran, en gran parte, por estatus, entonces poco o nada importa si usamos sus decenas de aplicaciones. Con conexión a la red y que ésta nos permita acceder al Whatsapp y al Facebook la mayoría de los usuarios estamos satisfechos.

 

El término equipos “inteligentes” se creó como un argumento de venta de un plan maestro de mercadotecnia. Los creadores de este concepto no tenían idea que el nombre acuñado calzaba justo al producto, y no en un sentido figurado, sino en uno estricto. La prueba de esto es como se han apoderado de los usuarios,  llegándose a convertir en muchos casos, más importantes que las propias personas. Nos hicieron dependientes de ellos al controlar de manera silenciosa la vida de millones de personas.

 

El argumento que dio vida a la obra maestra, 2001: Odisea del Espacio, un ordenador, Hal 9000, tomando el control de la vida de los tripulantes de la nave, nos está alcanzando en la vida real. Pequeños ordenadores rigen los destinos de la gente.

 

En origen, el teléfono fue inventado por Antonio Meucci (adjudicado injustamente a Bell) con un fin, conectar a las personas separadas por la distancia. Más de ciento cincuenta años después es oportuno cuestionarse: ¿Un teléfono conecta o desconecta a las personas? ¿Sigue cumpliendo la finalidad para la cual fue pensado?

 

El vertiginoso avance de la tecnología, el crecimiento de forma asombrosa en la red de cobertura así como la disminución de los costos, ha hecho posible la masificación de los celulares, conllevando conectividad inmediata, sin importar la hora o el lugar donde se encuentre el interlocutor. ¿Qué ha traído esto a nuestras vidas? Seguridad, respuesta inmediata en emergencias, control sobre los hijos, toma de decisiones más rápidas, creo serían innumerable los beneficios, pero… ¿Qué se ha llevado?

 

Estamos en un lugar y añoramos otro, compartimos la mesa de un restaurante con un amigo y no interactuamos con él por “estar” con alguien más a la distancia. La ironía es que cuando estamos con éste físicamente, nos “conectamos” con el que habíamos ido a cenar y poco o nada habíamos interactuado.

 

Hemos cambiado las prioridades y hoy, tiene mayor importancia un mensaje o una llamada, que la persona que fue hasta nuestra oficina a tratar un negocio o dejarnos un saludo. Las sonrisas se obtienen con mayor facilidad a través de un mensaje que con la presencia, las reglas de urbanidad se transformaron, ya no aplica el despedirse, si estás con texto, es casi incorrecto hacerlo, el dejar de escribir es suficiente para saber que la conversación ha concluido. El mundo corre, no hay tiempo que perder, nos espera otra conversación más interesante. Las personas tenemos fecha de caducidad, hay que conocer más personas, no importa que tan bien lo logres hacer, debemos de reunir los amigos suficientes en Facebook para mandar un mensaje a quien nos lee, de que somos populares, eso es lo realmente importante, lo que la gente percibe de un usuario de una red social, no lo que éste siente, no lo que éste es.

 

Se ha desarrollado, en ésta generación, una necesidad imperiosa por estar con más gente a la vez, a ello ha contribuido en gran parte la adicción al celular, tanto así que lo primero que hacemos es negarlo (uno de los primeros síntomas de adicción). Una herramienta que en esencia era para conectar a las personas se ha convirtiendo en un “desconector”, uno capaz de crear grandes abismos en espacios cortos.

 

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