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Texto y fotografía por Patricia Ramírez @postal viajera
Jueves, 3 de noviembre de 2016

Santa Eulalia y lo que aparece en el ocaso

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Cada noche durante una época específica del año podemos presenciar el vuelo del único mamífero que puede surcar los cielos.

[Img #63176][Img #63177]Visitar los viejos pueblos y escuchar sus mitos y leyendas es transportarse al pasado imaginarse caminando por sus estrechas calles con sus construcciones en pleno esplendor ahora en ruinas agonizando en el tiempo y en los pocos recuerdos que quedan gracias a las personas empeñadas en conservar vivas sus historias, [Img #63175]ancianos compartiendo sus anécdotas y vivencias aun frescas en la mente.

 

Transcurría el año 1652 cuando el Capitán Diego del Castillo denunció el descubrimiento de una mina de plata a la cual nombró “Nuestra Señora de la Soledad”  este hecho es una realidad que se entremezcla con la leyenda de una grandiosa veta de oro que nadie ha podido localizar, se dice que esta veta fue descubierta por el Capitán en uno de sus viajes a la zona y que por temor a que alguien más quisiera quedarse con ella no la denunció y en su lugar denunció la mina de plata, la historia cuenta que a las pocas semanas había acumulado bastante oro el cual llevo a la casa familiar en San Bartolomé actualmente Valle de Allende en Parral  alguien se dio cuenta de esto y lo mató tratando de conseguir la localización de la veta sin ningún resultado, desde entonces cuentan que su alma ronda en su hacienda en Valle de Allende en la espera de que alguien de finalmente con esta mítica veta de oro.

 

Un año más tarde su hermano el Capitán Pedro del Castillo reclamó la mina de la Soledad  como su herencia y por años estuvo explotando la zona en busca de la veta de oro hasta que cansado de sus fracasos decidió renunciar y partir de Santa Eulalia la cual quedo abandonada hasta el año 1707 que se hicieron otros denuncios de minas de plata. Fue tanto el auge y riqueza del pueblo que el gobierno autorizó al Banco de Santa Eulalia emitir sus propios billetes, no quedan muchas muestras de estos billetes pero en el taller del escultor y gran conocedor de la historia de Santa Eulalia Pepe Beltrán ubicado en una vieja construcción la  cual fungía como el recinto del sindicato de trabajadores ha acondicionado una pequeña muestra con fotografías de la época, utensilios de minería, y objetos de la vida cotidiana así como esculturas en bronce de su autoría.

   

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Casi son las cinco de la tarde y Pepe nos propone que vayamos a un lugar especial a observar una maravilla natural y que todo amante de la naturaleza debería presenciar. Nos toman escasos 15 minutos en un camino de terracería siempre cuesta arriba llegar a una propiedad privada resguardada por una cerca metálica  y otros cinco minutos llegar al borde del camino.

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El sol comenzaba a  ocultarse mientras caminábamos  por una corta vereda,  de poco un olor extraño se hizo presente y en cada paso que avanzábamos hacia  una gran entrada  a las entrañas del cerro este olor se volvía más intenso, ingresamos al interior de la cueva, la oscuridad era profunda y el olor se volvió nauseabundo, caminamos unos cuantos metros más y a mis pies estaba un gran vacío y el sonido intenso de miles de  aleteos iba subiendo de tono,  Pepe dijo- ¡ hay  que salir en silencio porque ahí vienen!-  acto seguido salimos de la cueva,  unos cuantos segundos después una estela de murciélagos invadió el cielo avanzando hacia el horizonte sus formas contrastaban con los últimos vestigios del azul profundo indicando que el sol ya no era más una amenaza,   la estela era una línea constante de movimiento alimentada por millones de seres alados que según la Dirección de Ecología del Gobierno del Estado de Chihuahua “es una colonia de más de 3 millones de murciélagos que durante la primavera y el verano las hembras permanecen en el norte de México y el sur de los Estados Unidos donde nacen sus crías y en otoño e invierno viajan al centro de México donde se aparean”.

 

Un par de halcones sobrevolaban el área en busca de un buen festín mientras que de la cueva seguían fluyendo oleadas de murciélagos,  por casi una hora no pararon de salir e invadir el cielo  siguiendo la línea del batallón creando una nube negra de figuras aladas un espectáculo increíble el cual termina con la completa oscuridad indicando que la noche llego, ellos volaran a alimentarse y regresaran antes de que el primer rayo de sol aparezca.

[Img #63178]

 

Texto y fotografía por Patricia Ramírez  @postal viajera

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