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Jueves, 16 de mayo de 2013
Casa Chihuahua

La historia de Los Murales del Palacio de Gobierno

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Carlos Fernández Baca y Mª Isabel Sen Venero examinan los secretos de la obra más conocida de Aarón Piña Mora

[Img #23484]“Los Murales del Palacio de Gobierno de Chihuahua” de Carlos A. Fernández Baca y María Isabel Sen Venero es un libro concebido, desarrollado y plasmado con un profundo y arraigado carácter didáctico.


Como coincidieron el historiador Jesús Vargas, el Dr. Carlos González Herrera, Carlos Alberto Fernández y Mª Isabel Sen Venero, participantes en la presentación de este libro, que recorre a modo de documental de cómo se plasmó la historia en las obras pictóricas de Aarón Piña Mora, estos murales resumen y plasman la historia de Chihuahua tanto en sus acontecimientos locales significativos como en su contexto nacional, mostrándolo de manera amena y atractiva.

Como explicaba Mª Isabel Sen, ella misma utilizaba estos murales para explicar de una manera comprensible la historia de Chihuahua a sus alumnos durante su periodo como docente.

El historiador Jesús Vargas participó en la presentación en su calidad de amigo personal de los autores, además de ser el que posibilitó la unión de los trabajos que ambos desarrollaban sobre el tema para que aunaran esfuerzos, que tras 10 años de trabajo conjunto cristalizan en el volumen presentado el jueves 16 en Casa Chihuahua.

Destacó la amistad que une a los cuatro participantes en el acto, a los que “identifica la emoción por la historia”, además de constatar el hecho de la vigencia intemporal del libro “porque no creo que llegue un gobernador que quiera quitar los murales”.

Señaló también que se trata de la obra más completa que se ha realizado sobre los murales, presentando la historia del recinto que los alberga, el Palacio de Gobierno, una serie de datos obtenidos a través de entrevistas con el artista Aarón Piña Mora, que le da mucha certeza a la obra y la convierten en elemento fundamental para completar el recorrido por los murales.

A juicio del Profesor Vargas, este libro debería reeditarse en otro formato que permita ver mejor las fotografías de las pinturas para ser distribuidos por las Escuelas Secundarias del Estado para que los estudiantes puedan tener un acercamiento a la historia de manera accesible y didáctica.

Tomó la palabra el Dr. Carlos González para incidir en el encuentro de amigos que resultó la presentación de este libro, destacando la labor como animadores culturales de los autores, tanto en la historia y literatura como en las artes plásticas y en la música.

Señaló que el libro es objetivo y pretexto al mismo tiempo, pues ofrece un recorrido virtual por la pintura y al mismo tiempo no es una simple relación de nombres y fechas, llevas de reflexiones profundas, sino que se convierte en un libro de texto que evita los pecados de los historiadores a la hora de divulgar sus descubrimientos, que en ocasiones “escribimos para los colegas” haciendo un esfuerzo en escribir la historia para hacer difusión.

Y la historia que cuentan es también la de los muros que los albergan, de la mano de la historia de la propia ciudad de Chihuahua, convirtiéndose con la Independencia el edificio en un reflejo del país, con una sucesión interminable de modificaciones en el uso del inmueble.

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Para el Dr. González la obra es una interesante mezcla de historia, pintura y anécdota, que llegó a convertirse en un elemento que eclipsó la trayectoria pictórica completa del autor. También se trató de dos fases completamente distintas, la de la planta baja y las del primer piso, con una interpretación jacobina de la historia, narrada de manera lineal, con héroes y villanos bien definidos abajo y una serie de homenajes a las áreas y potencialidades de la vida y la economía chihuahuense.

Muy jocosa fue la anécdota referida por el Dr. González sobre Pedrito, el albañil ayudante del maestro Piña Mora, que ante sus constantes ausencias por su afición a la bebida lo amenazó con plasmarlo en el mural entre los malos, cosa que terminó haciendo al inmortalizar al beodo de Pedrito entre los que condenaron a Miguel Hidalgo.

Carlos Fernández Baca, coautor del libro, explicó el nacimiento de la idea en su fascinación por los murales desde que los vio iniciarse cuando contaba con 12 años de edad “no sabía ni me interesaba quien los pintaba”. Cuando leyó “Crónica de un país bárbaro” de Fernando Jordán gracias a que el dueño de la librería Juárez, en la Ocampo, le dejó financiar la compra del libro en abonos hasta cubrir el coste de 50 pesos. Una vez leída la obra, ver los murales fue como si cobrara vida el libro en los muros del Palacio de Gobierno.

Por su labor de abogado frecuentaba el Palacio de Gobierno, de modo que un buen día pudo ver con horror como en un folleto turístico se decían graves incorrecciones históricas, cosa que quiso enmendar mediante un escrito a nombre de la Sociedad de Investigación Histórica que no tuvo efecto alguno en la papelería oficial, que se seguía repartiendo a los visitantes con todo y errores. Eso lo llevó a insistir con mayor vehemencia, viendo después su anhelo cumplido, aunque los créditos se hubieran impreso con letra ilegible.

La fascinación por los murales lo llevó a entablar una amistad con el artista, con quien compartía el café que proveía don Edelmiro Ponce de León, otra de las inagotables fuentes de material gráfico, documentación y anécdotas para este libro.

Un día le preguntó sobre la costumbre que tenía de pintar a sus amigos en los murales, a lo que le contestó que siempre lo hacía. Cuando le preguntó que donde estaba él, el pintor no contestó. En la siguiente visita, Aarón Piña Mora le dijo con gesto hosco, “ahí estás”, y Carlos Fernández agudizó la mirada pero no se reconocía, hasta que finalmente le indicó una figura de un minero en un lado de la composición “ese ya lo había pintado el otro día” protestó, a lo que el artista respondió “ahora tiene barba, eres tú”, con lo que se tuvo que conformar.

Los autores recuerdan el momento en que comenzaron a colaborar con sonrisas cómplices. El Profesor Jesús Vargas los presentó y en el principio ni Mº Isabel Sen ni Carlos Fernández querían dejar ver al otro su trabajo, por miedo a que se lo copiara. Así comenzó un tira y afloja, hasta que finalmente se produjo el intercambio, como si de una entrega de espías en la guerra fría en plena Puerta de Brandemburgo se tratara. Después, al ver las coincidencias y las complementariedades, iniciaron el trabajo en común que ha dado esta obra como resultado.

María Isabel Sen Venero cerró el acto justificando la desproporción que el episodio de Tomochic tiene en el libro, que suscitó un gran debate para su inclusión o no completo en el libro, algo que consideraban de gran importancia. Otro de los debates nacidos al calor de este libro fue el de incluir o no las pinturas de la planta alta, por el desfase temporal entre unas y otras, considerando además que los murales de abajo tienen una mayor carga didáctica.

Finalizó agradeciendo la colaboración a todos los que han hecho posible este trabajo, Jesús Vargas,
Edelmiro Ponce de León, Sandra Piña, Aimee Marcela Fernández y Rubén Rico.

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